lunes, 18 de mayo de 2009

VOS FUMÁ


“Los actos privados de los hombres, en cuanto no ofendan la moral pública o afecten a terceros, están reservados a Dios y exentos de la autoridad de los magistrados”. La cita corresponde al juez cortesano Enrique Petracchi y fue el ley motive que en 1986 declaró inconstitucional la tipificación previa del uso de estupefacientes.

En ese estado flotaba la cuestión del consumo en Argentina, hasta que en 1990, Menem privatizó la cosa volviéndola a penalizar.

Ahora, el gobierno nacional quiere impulsar la despenalización del consumo personal de drogas, para que de este modo, el consumidor deje de ser perseguido y ya no se lo encasille en la figura de “delincuente” sino en la de “paciente”.

Para tal fin, en marzo de este año, el Ministro del Interior, Aníbal Fernández, viajó en un estado de estupefacientes, rock, futbol y sala de ensayo a la cumbre de la ONU que se realizó en la capital austriaca de Viena. Allí, el gobierno nacional oficializó el cambio radical con respecto a la política prohibicionista made in Norteamérica que venía sosteniendo y respetando a rajatabla en los últimos 30 años. No obstante, puertas adentro, el país se divide entre quienes están a favor de la despenalización y los que están en contra de la misma. La historia de nunca acabar.

La tipificación del consumidor como delincuente -como no podría ser de otra manera-, vino de la mano de Jorge Rafael Videla en 1978, cuando en el fallo “Colavini”, los jueces adujeron que el uso de drogas iba más allá de un mero vicio individual para convertirse, por la posibilidad de su propagación, en un riesgo social que perturbaba la ética colectiva. Algunos presentes y cercanos al entorno militar dijeron que luego del fallo, Jorge Rafael, dijo de los que se drogaron “algo habrán hecho”. Una lástima que no haya pensado lo mismo cuando Massera se tomó dos vasos de whisky y le declaró al guerra a Gran Bretaña, algo que sin lugar a dudas, dañó algo más que la ética colectiva de forma irreparable.

Es decir, que en nuestro país, el consumidor es virtualmente peligroso sólo por consumir. Dicho de otro modo, el faso o lo que fuere, es el prólogo o la antesala de agarrar un chumbo y salir a robar. Comete esa verdura.

Bush se la come, -a la verdura- y por eso militarizó la cuestión. La joda le salió mas de 500 billones de dólares y aún así no pueden parar a los narcos y al negocio del tráfico. No obstante, eso no los llevó a considerar que su mecanismo es erróneo. Todo lo contrario, Estados Unidos siguió perfeccionando y justificando a contrapelo intervenciones territoriales y desapariciones de personas por esta causa. Algo habrán hecho.

Les dejo un dato para que lo mastiquen en sus conciencias: La producción de cannabis en el país de Bush vale más que la del trigo y maíz juntas, y Estados Unidos es un país cerealero por excelencia. Comete esa verdura.

No obstante, George no se sonrojó al afirmar e indignarse con distintos países sudamericanos por su política contra las drogas. A mediados de septiembre de este año, aseguró que el gobierno boliviano había fracasado en sus obligaciones en la lucha contra el narcotráfico y se dio el lujo de designar a Bolivia, Venezuela y Myanmar como países que fallaron ostensiblemente en el último tiempo en cumplir con sus obligaciones dentro del marco de los acuerdos internacionales contra las drogas.
Volviendo al eje de la cuestión, en abril el gobierno lanzó una encuesta domiciliaria sobre el consumo de drogas que ofendió a la iglesia, la sociedad y a los consumidores en partes iguales.

La institución eclesiástica puso el grito en el cielo y tildó a la medida como un despropósito porque contenía algunas preguntas “capciosas” entre las cuales se destacan: ¿Consume pasta base, marihuana o cocaína? ¿Ha sentido un deseo tan grande de fumar marihuana que no pudo pensar en nada más? ¿Lo ha hecho a pesar de que no tenía intención? ¿Ha notado que la misma cantidad tiene menos efectos que antes?
A la plebe, en cambio, le ofendió que a la encuesta la haya realizado el INDEC, ya que se especula que la inflación también sea dibujada sobre la marihuana; y a los consumidores les molestó que se obviaran preguntas necesarias como por ejemplo ¿Con qué bajonea luego de fumar? Ya que tamaña omisión, los deja desprotegidos post acto y los hace dudar de la posible contención social que quiere brindarles el gobierno. Se sabe: panza llena, corazón contento.

Sea como sea, y a diferencia de lo que conservadores y religiones
creen, la sustancia que mayor efecto criminógeno genera es el alcohol. Así lo demuestran la gran cantidad de accidentes viales y violencia doméstica. Scioli parece no estar de acuerdo con la medida, ya que según el gobernador de la provincia de Buenos Aires cuando se encuentra a alguien con tenencia de drogas no se puede diferenciar si las va a usar como simple consumo personal, si estamos frente a un adicto a recuperar o si va a ser el motor para que cometa cualquier crimen como matar, robar o violar. En esta misma línea de pensamiento parece estar la ex primera dama y actual senadora nacional por el PJ, Hilda “Chiche” Duhalde, cuando asegura que el consumo quita las inhibiciones y facilita hechos delictivos como los crímenes y hasta los descuartizamientos. Habría que preguntarse que pasaría si esos pibes no se murieran de hambre y no tendrían que robar para comer. Además el consumo creció considerablemente en aquellos sectores que no se privan de tener las mejores zapatillas, la educación mejor paga y frecuentar los boliches más caros.

Un claro ejemplo de ello es el aumento del uso de las llamadas drogas de diseño, como el éxtasis y el cristal. Un informe dado a conocer por la oficina de la ONU para las Drogas y el Delito (Onudc) asegura que el consumo mundial de estos estupefacientes ya supera al de la cocaína y la heroína juntos.

En total, la producción mundial por año de este tipo de sustancias es de 500 toneladas y mueve alrededor de 65.000 millones de dólares. En nuestro país alcanza los 5 millones de pesos al mes. La olla se destapó con el triple crimen de General Rodríguez que delató la falta de controles por parte del Estado sobre los peces gordos de la efedrina; aunque en el mundial de Estados Unidos 94, cuando le cortaron las piernas a Diego, se pudo vislumbrar un presagio del flagelo que a posteriori iba a estallar.

Tanto se ha incrementado el negocio de los anfetamínicos que por la Cámara de Diputados de la Provincia ya circula un proyecto de ley presentado por la diputada provincial por la UCR, Cecilia Moreau, que obligaría a los boliches, en lugares cerrados y abiertos, a disponer de dispenser de agua. La iniciativa no tiene como objetivo combatir el tráfico de estas sustancias, pero si cuidar la salud de los que acceden a ellas, previniendo la deshidratación de los jóvenes y de paso evitar que los propietarios hagan negocio con la venta de H2o.

Ahora que lo pienso bien, este Cherasny no era tan malo, era un progre liberal de verdad cuando afirmaba que: “a los jóvenes sexo, porro, alcohol y rock and roll”, aunque medio nazi en eso de darle palos a los motochorros.
Sólo por si hace falta aclarar la cuestión y para sacar algunas consideraciones finales, la ley en nuestro país condena con el mismo peso a aquel que se fuma un porro en una plaza o donde sea, que a un narcotraficante que se enriquece a costillas del negocio ilegal. Éste es el único caso nacional donde la ley es igual para todos.

La constitución es el dealer de la inconstitucionalidad. De este modo, nuestra justicia aparte de ser lenta pierde tiempo buscando un castigo para alguien que deliberadamente se fuma un faso en una esquina o se aspira un gramo de merca en el baño de un bar, mientras los peces gordos reproducen a diestra y siniestra la feria de La Salada a nivel estupefaciente.

Además, según un informe de la Unidad Fiscal de Drogas: el Estado gasta al menos 5.000 pesos cada vez que se le inicia una causa a una persona que se lo encontró -in fraganti- fumando, y al menos el 80 por ciento de los recursos se depositan hoy en causas judiciales sin sentido, como aquella que se le inició a Calamaro cuando en un recital en la ciudad de La Plata, esbozó el famoso “que linda noche para fumarse un porrito”, y el peso de la apología le cayó sobre su espalda.

Para sintetizar el tema, nada mejor que las palabras de Keith Richards cuando afirmaba “Nunca tuve problemas con la drogas. Sólo con la policía”.

Germán Uriarte
(Noviembre 2008)

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